miércoles, 29 de diciembre de 2010

Reina del Drama


Nena querida hace tu drama real, deja de buscar en canciones con más de cien sentidos alguno que identifique tu gran problema, que te absorbe y te ahoga, quieres sentirte especial, sentir que eres única, que los demás no te conocen y tus defectos reales son una vil ilusión ajena y sin sentido.

A veces te puedes odiar y atentar contra ti misma, puedes sentir que eres lo peor, pero sólo desde tu punto de vista, el día que alguien te diga algo, esa pared que levanta tus defectos cae, porque sólo te gusta ver tus defectos más lindos desde tu punto de vista, pero los reales, esos los dejas atrás, comiéndote las entrañas, para cuando estés sola y vieja, ahí no poder volver atrás.

Vive cariño, no te ahogues en problemas ilusos, porque tu pequeño drama nadie lo comprará y escribirá acerca del.

martes, 14 de diciembre de 2010

Porcupine Tree - Trains




Que tema más hermoso

Soy el perfecto retrato de la imperfección



Me bajé de donde sea que estaba, bajé al inframundo de lo ciertamente casi perfecto, la noche, el humo, las estrellas y una voz que me hizo saber que estaba lejos… de nuevo. Tan fuera de mí pasan tantas cosas, millones, y yo sigo aquí, y a veces no sé si está bien, a veces creo que me pierdo, yo la persona, la que tiene una vida como todas, siento que me pierdo en metáforas mal hechas, en pensamientos inconclusos y confusos, en canciones, en letras, en imágenes, en la gente… me pierdo en las miradas.

Los finales abiertos… siempre creo en ellos, me siento niña, pequeña, inhabilitada para hacer y deshacer, sólo me queda soñar en un pradera, yo vieja y quién sabe… con alguien. Me siento infantilmente idota, ilusa, simple, básica… pero no mal, siento que algo me falta o quizás sólo lo perdí.

Las estrellas están ahí, y brillan sólo por ti… las nostalgia recorre mi cuerpo… como si fuera mi sangre que golpea mis venas con rabia, deseando quizás qué cosa, quizás que está pidiendo de mí… A veces la gente cree que estoy enamorada del alguien, pero estoy en la desesperación de enamorarme de la vida, siento que las cosas en su perfección me alcanzan, me tocan, están ahí, y yo aún no soy perfecta para mirarlas más de cerca, para estar con ellas, en la ambigua perfección de un equilibrio de racionalidad enloquecedora.

En lo malo está lo bueno, en lo que perdí está lo que quiero, y en lo que deseo está de lo que alguna vez me arrepentiré de perder, es un juego, que al fin y al cabo acepté jugar

domingo, 29 de agosto de 2010

Pasos


Las personas tienden a callar la mayoría de las cosas que siente, pero acostumbra a siempre decir lo que piensa, es extraño oír como gritan pensamientos que no piensan y como peor aún callan sentimientos indispensables, como engañan, como se engañan, veo las calles un tanto agobiadas por la gente que apresurada intenta adoptar una postura frente a la vida, mientras las hojas de algunos árboles caen frente a sus lustrados zapatos o como mis sucias zapatillas las pisa para poder escuchar ese crujir que me llega hasta el alma, pero volviendo a mi contexto diario, sigo en el metro sentado, con una guitarra entre las piernas, y una excelente música de fondo, a medida que la música suena se va haciendo un eco en mi mente que se repite una y otra vez .Desperté en la estación Carlos Valdovinos, no me había dado ni cuenta que me dormí.-Ah!, ya pasamos San Joaquín.- me dije, cuando recuperé mis sentidos en su totalidad, miré rápidamente a mi alrededor, recordando con la imagen en mi mente las niñas que me miraban de arriba abajo a penas me subí al vagón, seguían ahí mirándome riendo sin pensar, sin darse cuenta de nada, siquiera donde estaban paradas. A pesar de eso decidí cambiar mi destino de esa tarde, ser radical en mi vida jamás ha sido importante, para mi ser alguien radical y decidido.

Tomo dirección a Baquedano, y sumido en un asiento me ahogo en recuerdos de mis pacíficos diecisiete años, cuando en esa época el chico que podía acostarse con una ingenua y dulce arpía era el que llegaría más lejos en esta vida, cuando mi única novia era la misma de ahora, mi guitarra, cuando no me interesaba nada más allá de lo que puedas imaginar, cuando para mi el mundo era algo de lo que tendría que ser parte queriendo o no, no puedo contener la sonrisa que recorre mi rostro al recordar. Mi casa, tan limpia porque mi mamá era fanática por el aseo, siempre pensé que era una obsesión, más tarde supe que era así, me dijo al llegar de el colegio ese viernes con el clima más perfecto -” Máximo hoy vas a salir?”-, yo sin mirarla y buscando una manzana, le dije -“ Pero mamá si usted sabe que yo no salgo, quizás toque un rato”- dejó de barrer me obligó a mirarla a los ojos, y me dijo con palabras que afloraban desde su corazón agobiado, como cuando la angustia se atora en tu pecho, y un sollozo se escucha desde tu boca para tratar de aliviarte-” Máximo, por Dios, por qué no eres como los otro chicos de tú edad, yo los veo y no pasan en sus casas, y tú aquí siempre encerrado en esa pieza!”-, -“pero tranquila, yo soy así sólo piensa, yo soy feliz con mi soledad.”- no pude evitar ver esas lágrimas que recorrían su rostro, me dolían en lo más hondo de mi pecho, sólo atiné a abrazarla y decirle cosas al oído que a medida de que el cigarro atrofia mi cerebro no puedo recordar. De pronto me desenvolví de aquellos recuerdos y escuché un melódico “Estación Neptuno” tomé mi guitarra, compañera de años, y decidí caminar hasta el parque Salvador, al bajarme del vagón volví a girar la vista a aquellas chicas, que aún me miraban de arriba abajo, pero a decir verdad no me interesaba, cuando salí del agobiante metro atochado de almas que esperan que un vagón decida que será de ellos, mis pasos comenzaron a ser involuntarios, como si mi alma pidiera a gritos mi pronta llegada al parque, - no hay más remedio que apurarse no?- me dije a mi mismo y sonreí, pisando unas hojas de por aquí y de por allá seguí mi camino.

A medida que me aproximaba al parque podía distinguir los árboles, algún niño gritando, las bancas, y el crepúsculo de la tarde que me caía encima, al llegar diviso un gran árbol con ramas que sobresalen del suelo, como si fuese un escape furtivo desde el suelo, me acurruqué en sus ramas y toque a mi fiel amiga, cantando como si estuviese solo en aquel parque “ mother” de Pink Floyd, lloré como lo hago desde hace tres años en este mismo lugar, las lágrimas arrasaban desde dentro de mi organismo, y alborotadas y sin piedad salían de mis ojos, mojaban mi rostro y guitarra. Comencé a caminar al lugar donde realmente iba con la frustración de no haber logrado mi real propósito, de haberle fallado nuevamente a mi mamá. Decidí no tomar más el metro, el olor de las personas me asfixia, caminé, caminé y aunque la suela de mis zapatillas terminará gastada, no me interesa.

Con un Bienvenido al cementerio metropolitano, me acerqué tembloroso y un tanto resuelto a mi nuevo fracaso miré como gente lloraba y otra caminaba tanteando el terreno que los albergará durante lo que reste de su eternidad, tal y como albergaba a mi madre, donde en el suelo yacían sus sueños, anhelos y esperanzas de una vida mejor, donde también se acurrucaba junto a su pecho la felicidad de mi soledad de la que alguna vez le hablé, y ahora es hora de irme, emprender el camino a la que alguna vez fue nuestra casa y ahora era un techo con piezas en las que habitaba un ser desconocido para la sociedad, yo. Sin embargo algo me retuvo, me encandilé en sus ojos marrones perdidos en su cabello, pero lamentablemente no tengo ganas de alucinarme con nada, mi casa me espera y con pasos de fracasado pronto llegaré.

lunes, 9 de agosto de 2010

Avenida la Paz


Día jueves y la noche le pisa los talones a Jorge, cae sobre él una manta de espanto que cubre su cuerpo por completo, aún más que el rocío que le obsequia el cielo, el palpitar de su corazón agobia a sus otros sentidos pero él intenta mentirse diciéndose a si mismo “nada sucederá” dándole el mayor sentido a sus palabras para que estas suenen totalmente elocuentes y la adrenalina deje de fluir por sus venas.
Él sabe que no puede, su inconsciente dibuja sombras en callejones, agudiza su oído sólo para satisfacer su necesidad de calma momentánea, tan pronto como sus instintos se lo permiten echa un vistazo por encima de su hombro para ver si hay algún psicópata detrás de su chaqueta con parches en los codos pero no hay nada, el joven decide tomar un taxi en la siguiente avenida pues el miedo se lo devoró tal como una serpiente degusta un ratón, pisando rápidamente, saltando las posas de agua instaladas en las calles, para sentirse seguro dentro de un auto, para sentir que la luna no caerá sobre su cráneo haciéndolo estallar en millones de pedazos. Al cruzar la calle algo lo distrae y llama su atención, un niño de unos 7 años, con cabellos castaños, ojos verdosos, piernas cortas, un traje gastado con el tiempo reteniendo en sus brazos un payaso de juguete, el niño era de expresión ausente y perdida. Jorge le preguntó:” ¿te sucede algo niño?”, pero el niño sólo le respondió: “ ¿usted ha visto a mi mamá, ella se llama Sofía’”. Jorge quedó impactado, sumido en recuerdos enterrados para jamás volver.
Él se había jurado jamás volver a hablar ni pensar en eso, era un tema que de tocarlo o sólo sentirlo le provocaba nauseas como si cada respiración lo cortara en pedazos y lo obligase a morir pero sintió que el espacio lo hacía gravitar para volver al mundo real y preguntarle al niño: “¿cómo te llamas?” éste le contestó sin mirarlo a los ojos :”mi nombre es Jorge”, ahora la respiración de Jorge se detuvo los recuerdos ya habían atormentado cada una de sus neuronas, pero aún cabían dudas en su inconsciente, así que decidió invitar al niño un helado.
Tan pronto como llegaron al puesto del anciano heladero, este les preguntó: “ ¿qué sabor desean los jóvenes?” Jorge esperó a que el niño respondiera, este dijo: “disculpe pero ¿tiene sabor tres leches?” era una hecho, Jorge había comprobado, que aquel niño despistado, perdido, de ojos verdosos era él mismo, su mente se perturbó, se atrofió, no respondió a ningún tipo de estimulo, mientras el viejo heladero le decía una y otra vez “ señor usted de cuál sabor desea su helado”, “señor me escucha”, “caballero, ¿se encuentra usted bien?”, mientras Jorge recordaba aquella noche tan perturbadora.
El reloj marcaba algo así como la una de la madrugada, Jorge en ese entonces era un niño de 7 años recién cumplidos, descansaba en su cama junto a su payaso en las manos, aún no conciliaba el sueño, en un abrir y cerrar de ojos, siente por la puerta a su padre borracho como de costumbre, y como también se había hecho una costumbre que se desquitara cualquier tipo de frustración en alguna desviación sexual con él o con su madre, pero aquella noche todo cambió, en un grito repentino, entró Sofía la madre de Jorge y le dice vamos afuera, una vez fuera de la espantosa casa en que se había convertido ese dulce hogar le dice corre hasta donde más puedas, no mires atrás, yo siempre estaré atrás tuyo, sólo confía en mí y así fue hasta que se encontró con un hombre de aspecto perturbado, tímido , alto , ojos verdosos y cabellos castaño, que cruzaba una avenida, tan pronto como recuerda que se vieron , el hombre le preguntó algunas cosas y tomaron un helado de tres leches su sabor favorito, luego al cruzar las calles un camión manejado por un ebrio, los atropelló. Todo esto lo vio desde la avenida la Paz un joven al cual la noche le pisaba los talones, y había entrado en un taxi algo asustado.