Fue un lindo detalle haberme mirado a los ojos, cuando
aún el sol resplandecía en su prematura muerte, en la penumbra de nuestros ojos
ahí fue donde el sol murió.
En tus ojos, oscuros como la noche que nos albergaba
de la realidad, que nos escondió del peligro que significaba el tiempo, el
pasar del tiempo.
Mientras todo se hacía más fuerte, las esquinas se
atenuaban y todo tomaba una forma.
Una forma aterradora.
Las sombras bailaban a nuestro paso, el viento
revoloteaba en mi pelo, haciendo ese ruidito que irrumpía en el valioso
silencio de no decir nada con palabras vanas, crueles o innecesarias. Pensarás
si es que aún lo piensas, que fue un momento cruel, un momento sádico en nuestras
vidas, pero no lo fue, fue de alguna manera la representación de cómo hacer las
cosas al revés, siempre al revés.
Puede que tengas razón, puede que la tenga yo, siempre
tendremos la misma discusión con el pasar del tiempo, la distancia y la fina línea
de odio que aún se entromete en este baile sin principio ni fin.
Es sólo una mancha que nunca saldrá de tu piel, estará contigo por siempre.
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