A lo lejos
se escuchaba la patrulla mordaz, gente corriendo por calles del recuerdo con
los ojos llenos de lágrimas y gritos ahogados. Por un callejón cerrado y oscuro
a la luz del día se esconde Julián silencioso para no ser descubierto. El
silencio reinó sólo un minuto, un minuto de tensión, terror y angustia, cuando
todo el bullicio volvió.
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