domingo, 7 de octubre de 2012

El Ciervo vulnerado



Por fin me había enamorado, no no no, estoy mal ya era la segunda vez que me enamoraba en un sueño. Esta vez de un hombre senil, quizás unos setenta años, con barba espesa que caía hasta su pecho, blanca igual que su cabello.
Bailamos, pero en sus ojos noté que no era tan viejo como parecía ser, era ciertamente agraciado y me amaba de vuelta, pero me rechazaba sólo porque era mayor que yo.
Sentía el rechazo hondo en mi pecho.
En un salto incomprensible dentro del inconciente, estaba buscando a mi papá, que había desaparecido por voluntad propia en un desierto, que se unía con un campo, que conocía de memoria. Aquí está lo interesante.
Caminaba por el prado de maíz, había marcas rojas y yo las seguía, era sangre, caminaba como si fuera una araña… en una roca un ciervo muerto y mi gato cuidándolo.
Corría a buscar a alguien, tiraba todo, veía al ciervo me sentía perturbada, lo encontraba.
Se escondía en una choza.
El ciervo ya no estaba.

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