Se estrechó con sus miedos, sabía que ayudarían como siempre. Ramas nacieron desde el pétreo suelo, le aprisionaron los pies, lo petrificaron, la adrenalina que lo infartaba lo hizo sentir vivo, pero sus amados miedos ya no lo dejaban ir, miró fijamente a los ojos de la muerte, con lágrimas en sus ojos marrón, miró por última vez el cielo entrelazado con la calle que cruzaba cada día hacia el trabajo, lentamente le tomó una mano fría como la sangre que recorría sus venas, se entregó a la noche oscura, iluminada por dos focos que lo miraron desde la cercanía.
100 palabras y la puta.
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