sábado, 18 de junio de 2011

Bus a Santiago

Desde lo más intocable y cálido de su corazón salió un grito desesperado y a la vez ofuscado: -Julio! no se vaya mijito'.
Sin embargo este no miro hacia atrás, lo más probable sería que jamás volviera a ver a su hijo, arrastrado por vientos venidos desde la capital, donde rugían leones totalitarios, donde morían las águilas de la libertad, ahí mismo donde elefantes con sus trompas disparaban misiles dirigidos a su casa, al seno de Chile.
Julio corría como endemoniado tratando de no pensar en la vida que dejaba atrás, sabía muy bien que lo buscarían, pero corría para encontrase cara a cara con los demonios espectrales que lo buscaban, él sabía que aquellos entes tenían miedo de aquellos que pensaban por eso no dudaban en soplar las ideas de su cabeza con un tiro certero y agudo.
Olvidando el pasado Julio tomo el bus directo a Santiago, mirando por la ventana como su madre lloraba a la distancia. A l mismo tiempo que la señora Rosa conocía el destino de su hijo, el motivo de sus lágrimas.

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