
Es difícil tomar la cuchara y echar azúcar
al café, amargo.. muy amargo.
Partí por decidir que no me abnegaré en
negativismos, no valen la pena, no quier odiar, no quiero ser hiriente, no
quiero abrir los ojos con un dolor de cabeza espantoso, te mojarás, y no te
secaré, sin embargo te miraré danzar en la oscuridad de tu habitación.
La tranquilidad llega quieras o no, y me
estoy sumiendo en un secreto, en mi secreto, en lo que no puedo compartir, pues
no me creerían y a pocos le importaría. En mis sueños se desatarán los
silencios irreprochables guardados bajo siete llaves. Aquellos que no deberían
nunca salir.
Por mientras puedo seguir como estoy, no
quiero cambiar.
Duérmete
con el alma negra entre las piernas, acurruca en tu pecho los miedos que
desfallecen con la llegada del amanecer, arrímate a tus sueños pálidos y
quebradizos, que tu vida no será más que un chiste mal contado.
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