domingo, 12 de junio de 2011


Es difícil tomar la cuchara y echar azúcar al café, amargo.. muy amargo.
Partí por decidir que no me abnegaré en negativismos, no valen la pena, no quier odiar, no quiero ser hiriente, no quiero abrir los ojos con un dolor de cabeza espantoso, te mojarás, y no te secaré, sin embargo te miraré danzar en la oscuridad de tu habitación.
La tranquilidad llega quieras o no, y me estoy sumiendo en un secreto, en mi secreto, en lo que no puedo compartir, pues no me creerían y a pocos le importaría. En mis sueños se desatarán los silencios irreprochables guardados bajo siete llaves. Aquellos que no deberían nunca salir.
Por mientras puedo seguir como estoy, no quiero cambiar.

Duérmete con el alma negra entre las piernas, acurruca en tu pecho los miedos que desfallecen con la llegada del amanecer, arrímate a tus sueños pálidos y quebradizos, que tu vida no será más que un chiste mal contado.

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