Se estremece bajo las sábanas invadidas de recuerdos, se adormece con el olor de la almohada, ahoga un suspiro que no jamás tendría desenlace. Sin embargo sigue ahí , sentado mirándola fijamente, con los ojos fríos y los labios muertos, con la piel seca e incolora, con el dolor impregnado en sus movimientos, pero con latidos que pueden reventar y pintar la cama con vida, una vida desecha y sanguinolenta.
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